Y es que el Loco es único para este tipo de cosas. Lo de reinventarse no es algo que escape del alcance de quienes le siguen desde hace unas décadas, puesto que cada dos por tres se saca de la chistera una nueva fórmula que nada tiene que ver con las de Bacterio, personaje entrañable de otro monstruo como Ibáñez.
El Sr. Sanz, don Loquillo, ha sacado uno de los mejores trabajos que ha parido el rock’n'roll patrio en todo lo que va de 2008 y parte de 2007. No sólo por esa fusión con el gran Mr. Hallyday, sino por todo el trabajo en sí, un disco que aglutina un montón de referencias de los diferentes musos que, a lo largo de la carrera (maratoniana) del gigante del Clot, han forjado su vida musical.
Gabriel Sopeña, Igor Paskual, Jaime Stinus, Carlos Segarra y el mismísimo Sabino Méndez han colaborado en un trabajo de tiralíneas donde no han dejado nada al azar, ni tan siquiera el título del disco ‘Balmoral’, como tributo a uno de los mas exquisitos bares de la capital madrileña, recientemente cerrado, después de 52 años en funcionamiento.
Solo para curiosos: ¿qué donde estaba ubicado?: Lean este artículo de nuevo.
Pedro J. Pérez
(También publicado en Rockstyle.es)
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Calle Hermosilla 11, fuente de inspiración
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Pedro J. Pérez
El rock'n'roll puede con todo
Así es amigos. Hace unos días me planteaba de manera insistente el cierre de una página web que había dirigido, con mayor o menor destreza, durante diez años, justo diez años. Para ello, me rodeé de una serie de excepcionales colaboradores, cada uno especialista en su terreno que ayudaron, ¡y de qué manera!, a tirar para arriba un proyecto que, inicialmente solo pensaba ser una recopilación de enlaces de webs oficiales de los grupos que nos atañían. Nada mas lejos de la realidad.
Poco a poco se fue forjando el equipo, cada uno se encargaba de temas en concreto, redactores, cronistas, músicos, recopiladores de documentos imposibles, arqueólogos musicales, pero sobre todo hubo algo que nos unía a todos: nuestra pasión por la música hecha en nuestro país que abarcó toda una época, la decisiva época que significó para posteriores generaciones, influencias mil que se han visto retratadas en un sinfín de sub-estilos enriqueciendo nuestro actual panorama musical. Otra cosa es que la industria se quiera percatar del hecho, pero ahí está.
Todo este inagotable trabajo tenía, anualmente, una cita en Madrid, nuestra fiesta anual. Llegamos a celebrar hasta tres ediciones, desde aquella inolvidable primera intentona en el ya desaparecido antro de Lavapiés, el Rock Me Bar, hasta las ultimas dos inmersos en el fantástico entorno que nos ofrecía la sala Siroco.
¿Grupos? Muchísimos mas de los que jamás hubiéramos soñado: Romeo 13, Ultimos Pasajeros, Tótem, Mala Suerte, Fanáticos, Fernando Márquez El Zurdo, Rey Luy, Los Faraones, Trastos, Lauren Jordan, Kemakeur, El Resto, Devon Miles, José Álamo con Mercado Negro, Almoon, Sal de mi vida, José María Granados, Cadillac, Sabino Méndez, La Ventana de Wendy, PVP, Bahía Cochinos, Glutamato Ye-ye, Kikí d’Akí, etc. Pero. sobre todo, dos grupos que han conseguido, con su buen hacer, y mejor interpretar poner el material necesario para que todo eso fuera posible: nuestra banda base Desconocidos y los amigos de Guadalajara Estudio-80.
A todo ello debemos sumar la importante aportación radiofónica que la web ha tenido desde Onda Regional Murcia, gracias al Tren de Sueños de Miguel Angel Keaton y ese Vagón Nuevaola80 que enganchaba puntual cada quince días durante mas de 40 programas, por el cual han pasado a modo de resumen personajes de la talla de Ana Curra, Ramoncín, Carlos Segarra, Silvia Resorte, Joaquin Niki, Jorge Ilegal, Diego A. Manrique, Jaime Urrutia o Jesús Ordovás, por citar unos cuantos.
Pues, volviendo al principio del escrito, me estaba planteando cerrar la web definitivamente: fin de un ciclo?, dar paso a otros que lo hagan mejor?, cansancio?, ¡¡nada de eso!! en realidad todo se debía a causas de estricta índole personal que me obligaron a tomar tan dolorosa decisión. Y la cerré. ¿definitivamente?, no lo sabía en ese momento, pero la cerré.
La impensable afluencia de cientos de mails, llamadas y mensajes de todo tipo que a partir de ese momento colapsaron mi correo electrónico y el buzón de mi teléfono hizo que, algo que no entendía lo que era afluyera desde dentro y me susurrara: hay tanta gente ahí fuera que te sigue que… ¿no piensas que es un poco una putada no seguir adelante?
Ahí dejo ese pensamiento en voz alta y, esperando que no sea muy tarde, Nuevaola80 volverá a existir de nuevo, ¿cuándo?… todo se andará, pero amigos míos una cosa si que os tengo que decir: “El rock’n'roll puede con todo”.
Gracias a todos por el cariño, amistad y muestras de ánimo recibidas, y desde aquí, desde la web de mi buen amigo Tono Martín y su Rockstyle, me comprometo públicamente a reiniciar la marcha habitual en cuanto mi cerebro se encuentre en condiciones: el corazón ya lo está.
Pedro J. Pérez
(También publicado en Rockstyle.es)
Nota posterior: Solo un par de meses después Nuevaola80 volvía a abrir su ventana al mundo exterior con mas fuerza que nunca. Si, efectivamente me reitero en que "El rock'n'roll puede con todo".
Poco a poco se fue forjando el equipo, cada uno se encargaba de temas en concreto, redactores, cronistas, músicos, recopiladores de documentos imposibles, arqueólogos musicales, pero sobre todo hubo algo que nos unía a todos: nuestra pasión por la música hecha en nuestro país que abarcó toda una época, la decisiva época que significó para posteriores generaciones, influencias mil que se han visto retratadas en un sinfín de sub-estilos enriqueciendo nuestro actual panorama musical. Otra cosa es que la industria se quiera percatar del hecho, pero ahí está.
Todo este inagotable trabajo tenía, anualmente, una cita en Madrid, nuestra fiesta anual. Llegamos a celebrar hasta tres ediciones, desde aquella inolvidable primera intentona en el ya desaparecido antro de Lavapiés, el Rock Me Bar, hasta las ultimas dos inmersos en el fantástico entorno que nos ofrecía la sala Siroco.
¿Grupos? Muchísimos mas de los que jamás hubiéramos soñado: Romeo 13, Ultimos Pasajeros, Tótem, Mala Suerte, Fanáticos, Fernando Márquez El Zurdo, Rey Luy, Los Faraones, Trastos, Lauren Jordan, Kemakeur, El Resto, Devon Miles, José Álamo con Mercado Negro, Almoon, Sal de mi vida, José María Granados, Cadillac, Sabino Méndez, La Ventana de Wendy, PVP, Bahía Cochinos, Glutamato Ye-ye, Kikí d’Akí, etc. Pero. sobre todo, dos grupos que han conseguido, con su buen hacer, y mejor interpretar poner el material necesario para que todo eso fuera posible: nuestra banda base Desconocidos y los amigos de Guadalajara Estudio-80.
A todo ello debemos sumar la importante aportación radiofónica que la web ha tenido desde Onda Regional Murcia, gracias al Tren de Sueños de Miguel Angel Keaton y ese Vagón Nuevaola80 que enganchaba puntual cada quince días durante mas de 40 programas, por el cual han pasado a modo de resumen personajes de la talla de Ana Curra, Ramoncín, Carlos Segarra, Silvia Resorte, Joaquin Niki, Jorge Ilegal, Diego A. Manrique, Jaime Urrutia o Jesús Ordovás, por citar unos cuantos.
Pues, volviendo al principio del escrito, me estaba planteando cerrar la web definitivamente: fin de un ciclo?, dar paso a otros que lo hagan mejor?, cansancio?, ¡¡nada de eso!! en realidad todo se debía a causas de estricta índole personal que me obligaron a tomar tan dolorosa decisión. Y la cerré. ¿definitivamente?, no lo sabía en ese momento, pero la cerré.
La impensable afluencia de cientos de mails, llamadas y mensajes de todo tipo que a partir de ese momento colapsaron mi correo electrónico y el buzón de mi teléfono hizo que, algo que no entendía lo que era afluyera desde dentro y me susurrara: hay tanta gente ahí fuera que te sigue que… ¿no piensas que es un poco una putada no seguir adelante?
Ahí dejo ese pensamiento en voz alta y, esperando que no sea muy tarde, Nuevaola80 volverá a existir de nuevo, ¿cuándo?… todo se andará, pero amigos míos una cosa si que os tengo que decir: “El rock’n'roll puede con todo”.
Gracias a todos por el cariño, amistad y muestras de ánimo recibidas, y desde aquí, desde la web de mi buen amigo Tono Martín y su Rockstyle, me comprometo públicamente a reiniciar la marcha habitual en cuanto mi cerebro se encuentre en condiciones: el corazón ya lo está.
Pedro J. Pérez
(También publicado en Rockstyle.es)
Nota posterior: Solo un par de meses después Nuevaola80 volvía a abrir su ventana al mundo exterior con mas fuerza que nunca. Si, efectivamente me reitero en que "El rock'n'roll puede con todo".
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La huella del Pato
Nunca más volveremos a escuchar sus vibraciones, aunque su eco será difícilmente olvidado para aquellos que, en alguna ocasión, se sintieron Rodríguez.
Nos ha dejado Daniel Zamora, por voluntad propia, porque no soportó… ¡vete tu a saber qué!, pero nos ha dejado. El fue la mitad de la base rítmica, junto al baquetero Vilella, de aquel grupo tan importante como lo fueron Los Rodríguez, donde compartió tablas con los pibes Rot y Calamaro. Eran un grupo, un grupo de rock’n’roll.
Nació en Palafrugell y allí retomó sus pasos para terminarlo todo un triste 28 de noviembre, con tan solo 41 años de una vida plagada de éxitos, aunque no por ello, exenta de dificultades, como la que le tocó superar, la prueba mas dura que se le puede plantear a una persona: vivir o morir, pero lo superó. ¿Sería por eso?, no lo sabemos y tampoco nos vamos a preocupar en ahondar en lo morboso. Simplemente se fue.
Sirva esta escueta reseña para recordar a la figura de Daniel “Pato” Zamora (1965-2007).
Pedro J. Pérez
(También publicado en Rockstyle.es)
Nos ha dejado Daniel Zamora, por voluntad propia, porque no soportó… ¡vete tu a saber qué!, pero nos ha dejado. El fue la mitad de la base rítmica, junto al baquetero Vilella, de aquel grupo tan importante como lo fueron Los Rodríguez, donde compartió tablas con los pibes Rot y Calamaro. Eran un grupo, un grupo de rock’n’roll.
Nació en Palafrugell y allí retomó sus pasos para terminarlo todo un triste 28 de noviembre, con tan solo 41 años de una vida plagada de éxitos, aunque no por ello, exenta de dificultades, como la que le tocó superar, la prueba mas dura que se le puede plantear a una persona: vivir o morir, pero lo superó. ¿Sería por eso?, no lo sabemos y tampoco nos vamos a preocupar en ahondar en lo morboso. Simplemente se fue.
Sirva esta escueta reseña para recordar a la figura de Daniel “Pato” Zamora (1965-2007).
Pedro J. Pérez
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Pedro J. Pérez
Y Patacho la volvió a liar
Parece que lo lleve en la sangre, me refiero, lo de armar saraos. Pero ya es hora que alguien rompa una lanza a favor de este guitarrista, y a veces cantante, Manuel Recio, mas conocido en el circuito musical, como Patacho, miserablemente resignado al olvido, a pesar de su constante apego a la guitarra que, fiel a cualquier cita a la que se la invite, le ha acompañado durante toda su vida. Estoy seguro de que, si hubiera reinado en la Edad Media en algún remoto lugar, lo hubiera hecho, sin temor a equivocarnos, como Patacho I El Corporativista.
Su banda de toda la vida fue Glutamato Ye-yé con quienes, y de la mano del increíble Iñaki Fernández (todo un provocador y reclamo para cualquier show que se precie), llegó a grabar varios discos y alcanzar excelente notoriedad. Pero, centrándonos en la figura de este artículo, este tipo larguirucho con cara de bonachón, aparte de sus andanzas estrictamente musicales, se hizo colega de toda la patulea de músicos relacionados con aquellos distantes años ochenta. Pero, ¡ojo!, colega de los de verdad, de los que se tratan como “tronks” (máximo grado cheli del compadreo).
Y no tenemos que remontarnos muy lejos, ya que sin forzar en exceso mi memoria, evoquemos aquella primera gesta de calidad. Fue la primera convención de personajes que se dieron cita para recordar uno de los mas paradigmáticos locales que funcionaron como invitable punto neurálgico de la movida madrileña. Hablamos de la sala Pentagrama, o El Penta, como lo inmortalizara otro grande, Antonio Vega en su ‘Chica de ayer’. En aquel entonces se trataba de celebrar los 25 años del pub de Malasaña. Y lo consiguieron. Y por todo lo alto. Desde 1976 en funcionamiento, se llegaba al 15 de noviembre de 2001, concretamente en la sala Arena, donde participaron lo mas granado de nuestro pop-rock: Los Secretos, Nacha Pop, Burning, Radio Futura, Glutamato Ye Yé, Aviador Dro, Siniestro Total, Paco Clavel, Paul Collins, Paraíso, Mamá, etc.
Culpable del éxito: Patacho.
Nos acercamos en el tiempo al año en el que nos encontramos, en sus comienzos. La Comunidad Autónoma de Madrid encarga a nuestro personaje la difícil tarea de coordinar a una serie de grupos para que, en un solo día y con tan solo 3 horas de actuación, revivir la esencia de lo que fueron las “Hornadas Irritantes” que, como ya nos confesara en alguna ocasión el bueno de Iñaki, se trataba de una broma referida a todos aquellos grupos que imitaban al pop melódico practicado por bandas de la importancia de Tótem, Mamá, Los Secretos o los mismísimos Nacha Pop, convirtiéndolo en “pop baboso”, aquella odiosa etiqueta en la que nunca quisieron encuadrar a los citados. Sea como fuere, allí estaba nuestro hombre, Patacho, con el bastón de mando y la gorra de organizador para juntar a toda suerte de retazos de bandas extintas, o bien, representantes de las mismas dedicados a otros quehaceres artísticos.
De esta guisa, la sala El Sol acogía aquella fría noche del 21 de enero, a Rodrigo de Lorenzo (Ciudad Jardín), Pablo Salvador y José Mule (Los Cavernícolas), Luís Jovellar (Sindicato Malone), Charly Hens (Los Elegantes, Glutamato Ye-yé), Germán Coppini (Siniestro Total, Golpes Bajos), Paco Clavel, Julián Hernández (como Transportes Hernénadez y Sanjurjo, alma mater de Siniestro Total, todavía hoy en activo), Iñaki Fernández (Glutamato Ye-yé) y el resto de la banda del guitarrista madrileño, para sorprender a propios y extraños con un concierto cargado de versiones francamente “irritantes”, y por supuesto, de temas originales que, en algún momento tuvo su parte emotiva, sobre todo cuando se recordó al malogrado Poch y su “Branquias bajo el agua”.
Veredicto: Patacho vuelve a triunfar.
Hace dos meses, tenemos la penúltima “patachada”, nada mas y nada menos que en la III Fiesta Nuevaola80 2007, celebrada el pasado 6 de octubre en la sala Siroco. Se trataba de reunir a Patacho e Iñaki en un mismo escenario, diciendo que eran los Glutamato del ‘Hey tio’, ‘Todos los negritos…’, etc. Una semana antes me explica que junto a ellos dos, había pensado que era mejor hacer las cosas bien, y no se le ocurre otra cosa que acompañarse de un par de “principiantes”: al bajo Fino Oyonarte y con las baquetas Charly Hens. Casi “ná”. Siroco se puso patas arriba ofreciendo un espectáculo que ninguno de los organizadores nos hubiéramos imaginado de lejos, meses atrás. Quizás esté pecando de vehemencia, pido disculpas, pero es que realmente fue así.
Patacho sentenciado por “enrrollao”.
Pero faltaba la puntilla a este pródigo 2007. Sucedió anoche, 27 de noviembre en la mítica sala de la calle Jardines, ¡cómo no!, la sala El Sol. Dos objetivos: presentar el disco ‘Canciones para NO olvidar’ (Pias Records, 2007) con las grabaciones de los mejores momentos del 25 aniversario de la movida celebrado en enero; y, de otra parte, rendir tributo a una de las mas importantes figuras radiofónicas de nuestro país, Jesús Ordovás, quien se hiciera cargo de su programa “Diario Pop” hasta el pasado mes de julio. Destacar que los beneficios del disco se destinarán íntegramente a la Asociación para las familias con Alzheimer (AFAL), que para eso estamos en época solidaria.
Por supuesto, Patacho estaba detrás de todo el sarao y, con su banda tras de sí, fueron desfilando la flor y nata de nuestro pop quienes, a razón de canción por artista, recordaron los temas que Ordovás, en su momento, pinchara desde Radio 3: Ana Curra (Pegamoides y P. Permanente) junto a Miguel (Digital 21), Antonio Siegfried y Carmen Mardirolas (Los Bólidos), Cristina Clovis y Fino Oyonarte (Clovis), Dani Cardona e Isa Terrible (Una Sonrisa Terrible), Johnny Cifuentes y Edu Pinilla (Burning), Eva Amaral Juan Aguirre (Amaral), Fernando Alfaro (Surfin Bichos, Los Alienistas), Germán Coppini (Siniestro Total, Golpes Bajos), Herminio Molero (Radio Futura), Iñaki Fernández (Glutamato Ye-yé), Jaime Urrutia (G. Caligari), Javier Colís, Joaquín Rodríguez y Mauro Canut (Acusicas), Jorge Martínez y Willy Vijande (Ilegales), José Mª Granados (Mamá), Josele Santiago (Los Enemigos), Jota y Floren (Los Planetas), Juanita la Fea, Julián Hernández y Miguel Costas (Siniestro Total), Kikí d’Aki, La China Patino, Loquillo y Sabino Méndez (L. y Los Trogloditas), Luís Jovellar (Sindicato Malone), Nacho (Seine), Sergio López, Servando Carballar y Marta (Aviador Dro), Vanexxa, Víctor Aparicio (Los Coyotes) y Xoel López (Deluxe).
Y Patacho la volvió a liar…
Condenado a ser reconocido de por vida: P A T A C H O.
Pedro J. Pérez
(También publicado en Rockstyle.es)
Su banda de toda la vida fue Glutamato Ye-yé con quienes, y de la mano del increíble Iñaki Fernández (todo un provocador y reclamo para cualquier show que se precie), llegó a grabar varios discos y alcanzar excelente notoriedad. Pero, centrándonos en la figura de este artículo, este tipo larguirucho con cara de bonachón, aparte de sus andanzas estrictamente musicales, se hizo colega de toda la patulea de músicos relacionados con aquellos distantes años ochenta. Pero, ¡ojo!, colega de los de verdad, de los que se tratan como “tronks” (máximo grado cheli del compadreo).
Y no tenemos que remontarnos muy lejos, ya que sin forzar en exceso mi memoria, evoquemos aquella primera gesta de calidad. Fue la primera convención de personajes que se dieron cita para recordar uno de los mas paradigmáticos locales que funcionaron como invitable punto neurálgico de la movida madrileña. Hablamos de la sala Pentagrama, o El Penta, como lo inmortalizara otro grande, Antonio Vega en su ‘Chica de ayer’. En aquel entonces se trataba de celebrar los 25 años del pub de Malasaña. Y lo consiguieron. Y por todo lo alto. Desde 1976 en funcionamiento, se llegaba al 15 de noviembre de 2001, concretamente en la sala Arena, donde participaron lo mas granado de nuestro pop-rock: Los Secretos, Nacha Pop, Burning, Radio Futura, Glutamato Ye Yé, Aviador Dro, Siniestro Total, Paco Clavel, Paul Collins, Paraíso, Mamá, etc.
Culpable del éxito: Patacho.
Nos acercamos en el tiempo al año en el que nos encontramos, en sus comienzos. La Comunidad Autónoma de Madrid encarga a nuestro personaje la difícil tarea de coordinar a una serie de grupos para que, en un solo día y con tan solo 3 horas de actuación, revivir la esencia de lo que fueron las “Hornadas Irritantes” que, como ya nos confesara en alguna ocasión el bueno de Iñaki, se trataba de una broma referida a todos aquellos grupos que imitaban al pop melódico practicado por bandas de la importancia de Tótem, Mamá, Los Secretos o los mismísimos Nacha Pop, convirtiéndolo en “pop baboso”, aquella odiosa etiqueta en la que nunca quisieron encuadrar a los citados. Sea como fuere, allí estaba nuestro hombre, Patacho, con el bastón de mando y la gorra de organizador para juntar a toda suerte de retazos de bandas extintas, o bien, representantes de las mismas dedicados a otros quehaceres artísticos.
De esta guisa, la sala El Sol acogía aquella fría noche del 21 de enero, a Rodrigo de Lorenzo (Ciudad Jardín), Pablo Salvador y José Mule (Los Cavernícolas), Luís Jovellar (Sindicato Malone), Charly Hens (Los Elegantes, Glutamato Ye-yé), Germán Coppini (Siniestro Total, Golpes Bajos), Paco Clavel, Julián Hernández (como Transportes Hernénadez y Sanjurjo, alma mater de Siniestro Total, todavía hoy en activo), Iñaki Fernández (Glutamato Ye-yé) y el resto de la banda del guitarrista madrileño, para sorprender a propios y extraños con un concierto cargado de versiones francamente “irritantes”, y por supuesto, de temas originales que, en algún momento tuvo su parte emotiva, sobre todo cuando se recordó al malogrado Poch y su “Branquias bajo el agua”.
Veredicto: Patacho vuelve a triunfar.
Hace dos meses, tenemos la penúltima “patachada”, nada mas y nada menos que en la III Fiesta Nuevaola80 2007, celebrada el pasado 6 de octubre en la sala Siroco. Se trataba de reunir a Patacho e Iñaki en un mismo escenario, diciendo que eran los Glutamato del ‘Hey tio’, ‘Todos los negritos…’, etc. Una semana antes me explica que junto a ellos dos, había pensado que era mejor hacer las cosas bien, y no se le ocurre otra cosa que acompañarse de un par de “principiantes”: al bajo Fino Oyonarte y con las baquetas Charly Hens. Casi “ná”. Siroco se puso patas arriba ofreciendo un espectáculo que ninguno de los organizadores nos hubiéramos imaginado de lejos, meses atrás. Quizás esté pecando de vehemencia, pido disculpas, pero es que realmente fue así.
Patacho sentenciado por “enrrollao”.
Pero faltaba la puntilla a este pródigo 2007. Sucedió anoche, 27 de noviembre en la mítica sala de la calle Jardines, ¡cómo no!, la sala El Sol. Dos objetivos: presentar el disco ‘Canciones para NO olvidar’ (Pias Records, 2007) con las grabaciones de los mejores momentos del 25 aniversario de la movida celebrado en enero; y, de otra parte, rendir tributo a una de las mas importantes figuras radiofónicas de nuestro país, Jesús Ordovás, quien se hiciera cargo de su programa “Diario Pop” hasta el pasado mes de julio. Destacar que los beneficios del disco se destinarán íntegramente a la Asociación para las familias con Alzheimer (AFAL), que para eso estamos en época solidaria.
Por supuesto, Patacho estaba detrás de todo el sarao y, con su banda tras de sí, fueron desfilando la flor y nata de nuestro pop quienes, a razón de canción por artista, recordaron los temas que Ordovás, en su momento, pinchara desde Radio 3: Ana Curra (Pegamoides y P. Permanente) junto a Miguel (Digital 21), Antonio Siegfried y Carmen Mardirolas (Los Bólidos), Cristina Clovis y Fino Oyonarte (Clovis), Dani Cardona e Isa Terrible (Una Sonrisa Terrible), Johnny Cifuentes y Edu Pinilla (Burning), Eva Amaral Juan Aguirre (Amaral), Fernando Alfaro (Surfin Bichos, Los Alienistas), Germán Coppini (Siniestro Total, Golpes Bajos), Herminio Molero (Radio Futura), Iñaki Fernández (Glutamato Ye-yé), Jaime Urrutia (G. Caligari), Javier Colís, Joaquín Rodríguez y Mauro Canut (Acusicas), Jorge Martínez y Willy Vijande (Ilegales), José Mª Granados (Mamá), Josele Santiago (Los Enemigos), Jota y Floren (Los Planetas), Juanita la Fea, Julián Hernández y Miguel Costas (Siniestro Total), Kikí d’Aki, La China Patino, Loquillo y Sabino Méndez (L. y Los Trogloditas), Luís Jovellar (Sindicato Malone), Nacho (Seine), Sergio López, Servando Carballar y Marta (Aviador Dro), Vanexxa, Víctor Aparicio (Los Coyotes) y Xoel López (Deluxe).
Y Patacho la volvió a liar…
Condenado a ser reconocido de por vida: P A T A C H O.
Pedro J. Pérez
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Pedro J. Pérez
Harleys y Gretschs
Y chupas con tachuelas, tatuajes en tres dimensiones y camperas afiladas. Eso es rock’n’roll. De acuerdo, también la música, pero todo esa parafernalia que le rodea, hacen que un estilo tan universal se convierta en una verdadera filosofía, en un “modus vivendi” que se va forjando desde tempranas edades.
Ni que decir tiene que otros estilos como el punk, el blues o el pop, ya sean raíces del rock o ramificaciones del mismo, también han llegado a tener su propia parroquia de seguidores dispuestos a librar cualquier batalla con tal de defender sus valores mas mas profundamente entroncados.
Eran tiempos pasados, cuando las de tribus urbanas establecían territorios infranqueables, como aquella película de finales de los 70s, que hace poco volví a visionar, ‘The Warriors’, y que retrata el fenómeno bandas de una manera muy “neoyorquina”, indudablemente utilizable como ejemplo extrapolable a nuestra sociedad de hace 20 años.
Actualmente, las bandas rivalizan por banalidades políticas que, en la mayoría de los casos, ni entienden, o aprovechamiento de la fuerza para sacar rendimiento sin dar palo al agua. Que si neo-fascistas contra red-skins, que si bandas latinas apoderándose de instalaciones deportivas a cambio de “alquileres”, etc.
Acequia y Fanáticos fueron dos grupos clave en el devenir de la música murciana de los 80. Los primeros, pioneros con un Emilio Chicheri que empezaba en esto, rivalizaba en popularidad y prestigio con Farmacia de Guardia, era rock’n’roll sin paliativos, puro.
Por su parte, Fanáticos, en una mutación que arrastraron desde principios del segundo lustro, hasta llegar a su última versión con Manolo “Fanático” al frente, se reconvirtieron en auténticos adictos al rock duro americano teniendo a los Motor City 5 como auténticos ídolos (canción dedicada incluida). Había nacido el bicker-rock patrio.
Por ello, decir que estos dos mitos locales van a tocar en un mismo escenario, un mismo dia, se me antoja como algo francamente alucinante. Lo que antaño fueran desbandadas de jóvenes aullando los temas mas fuertes desde la otra parte del escenario, el próximo 1 de diciembre se convertirán en aseados padres de familia en pos de restaurar aquellos sentimientos anidados, que no olvidados por culpa del inexorable paso del tiempo.
Sin duda, dentro de diez días, veremos la puerta de una sala Gamma (recinto idóneo para este tipo de acontecimientos en la capital del Segura) repleta de Harleys en sus alrededores y con mas de una Gretsch en su interior. Al menos esa es mi ilusión.
Pedro J. Pérez
(También publicado en Rockstyle.es)
Ni que decir tiene que otros estilos como el punk, el blues o el pop, ya sean raíces del rock o ramificaciones del mismo, también han llegado a tener su propia parroquia de seguidores dispuestos a librar cualquier batalla con tal de defender sus valores mas mas profundamente entroncados.
Eran tiempos pasados, cuando las de tribus urbanas establecían territorios infranqueables, como aquella película de finales de los 70s, que hace poco volví a visionar, ‘The Warriors’, y que retrata el fenómeno bandas de una manera muy “neoyorquina”, indudablemente utilizable como ejemplo extrapolable a nuestra sociedad de hace 20 años.
Actualmente, las bandas rivalizan por banalidades políticas que, en la mayoría de los casos, ni entienden, o aprovechamiento de la fuerza para sacar rendimiento sin dar palo al agua. Que si neo-fascistas contra red-skins, que si bandas latinas apoderándose de instalaciones deportivas a cambio de “alquileres”, etc.
Acequia y Fanáticos fueron dos grupos clave en el devenir de la música murciana de los 80. Los primeros, pioneros con un Emilio Chicheri que empezaba en esto, rivalizaba en popularidad y prestigio con Farmacia de Guardia, era rock’n’roll sin paliativos, puro.
Por su parte, Fanáticos, en una mutación que arrastraron desde principios del segundo lustro, hasta llegar a su última versión con Manolo “Fanático” al frente, se reconvirtieron en auténticos adictos al rock duro americano teniendo a los Motor City 5 como auténticos ídolos (canción dedicada incluida). Había nacido el bicker-rock patrio.
Por ello, decir que estos dos mitos locales van a tocar en un mismo escenario, un mismo dia, se me antoja como algo francamente alucinante. Lo que antaño fueran desbandadas de jóvenes aullando los temas mas fuertes desde la otra parte del escenario, el próximo 1 de diciembre se convertirán en aseados padres de familia en pos de restaurar aquellos sentimientos anidados, que no olvidados por culpa del inexorable paso del tiempo.
Sin duda, dentro de diez días, veremos la puerta de una sala Gamma (recinto idóneo para este tipo de acontecimientos en la capital del Segura) repleta de Harleys en sus alrededores y con mas de una Gretsch en su interior. Al menos esa es mi ilusión.
Pedro J. Pérez
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Movida si, pero ¿qué es lo que se movía?
Y al final se puso de moda, quien lo iba a decir. Los motivos, inciertos. Pero si algo está claro, es que promocionar es sinónimo de beneficio. Da igual de lo que se trate, pero así es; coleccionables, series de TV, discos remember de grupos del momento, tributos; estamos de acuerdo que recordar esos tiempos es fantástico, lo que es innegable es que resulta tremendamente rentable.
He empezado este artículo haciendo una crítica sobre las causas que han generado el momento “revival” que actualmente estamos viviendo. Causas que son totalmente ajenas al motivo existencial de ‘Nueva Ola, Movida de los 80’. Este espacio, nacido en los albores del año 1998, no tenía, ni tiene, pretensiones comerciales, aunque coincida plenamente con la avalancha informativa que se está generando, en nuestros días, 25 años después del inicio de esa época, a la que hacía alusión.
Por eso quiero aprovechar la ocasión para poner de manifiesto que ‘Nueva Ola, Movida de los 80’ está hecha únicamente al amparo de la gran devoción que sus creadores tienen por la música, unido al afán de rendir un humilde homenaje a tantas y tantas bandas que nacieron y murieron durante aquella dorada década de los 80’s. Nuestro amateurismo ha provocado, y provocará que, en ocasiones, cometamos errores, los cuales han sido indispensables para ir curtiéndonos en el día a día nuestro trabajo.
‘Nueva Ola, Movida de los 80’ se puede definir como uno de tantos sitios que existen por la muy enmarañada red de redes, que pretende recopilar toda la información posible acerca de lo que fueron aquellos años. Años que algunos tuvimos la suerte de vivir desde detrás del escenario, disfrutando de esa fructífera oferta musical que no lo fue tanto para los propios músicos.
El glamour, la innovación, la creatividad, son características que hacían que aquello fuera tan especial. Había calidad, indudablemente, pero también mucha cantidad y, como no, eso hacía que no todo fuera bueno, como es lógico, pero daba igual, lo cutre se convertía en fashion y, a su vez, todos los que hacían estas cosas se convertían en unos petardos “enamorados de la moda juvenil”, amantes del pop baboso y que se inventaban himnos “para tí”. Un nuevo glosario cheli florecía de manera espontánea al amparo de toda esa fauna urbana en un halo de progresismo, hasta el momento, sin parangón en la historia musical de nuestro país.
Y ya que hablamos de progresismo tenemos que recordar, sin duda, a uno de los personajes más incipientes, políticamente hablando, de la época, el que fuera alcalde de Madrid, el Sr. Enrique Tierno Galván. Impulsor y promotor de muchas escenas donde se gestaba, a nivel de calle sobre todo, todo ese aluvión cultural que venía pidiendo paso sobre la capital de nuestro país y que, pronto, por no decir casi a la par, se fue propagando a lo largo y ancho del territorio nacional. Indudablemente el epicentro era Madrid, el Madrid del “Profesor”.
Empezaron a proliferar grupos por doquier. Era un chorreo incesante de formaciones que se unían y desunían para formar nuevas bandas, a cuyos integrantes les daba lo mismo agarrar sus guitarras y ponerse a componer al amparo de unos buenos cubatas en el acogedor “Penta”, que dejarlo todo de golpe y embarcarse en la realización de un fanzine underground.
Los locales de la movida madrileña, emblemáticas salas donde se ofrecía la parte más ceremonial de la Nueva Ola: Los conciertos.
Y no sólo debemos hablar de pop-rock, cabe mencionar que esa especie de revolución musical se produjo a todos los niveles, desde el azote ensordecedor de los grupos del llamado rock duro reconvirtiéndose a heavy metals por derecho, hasta las hornadas más irritantes del rock radical más subversivo nunca visto, procedentes del norte del país, pasando por las camaleónicas pintas que portaban los grupos punkys, o la elegancia británica de esos cuerpos vestidos de mods que paseaban sus vespas por las calles capitalinas.
Eduardo Benavente fue el máximo exponente y uno de los principales precursores de la música siniestra, también conocida como gótica, de los ochenta. Formó en grupos tan conocidos como Plástico o Parálisis Permanente.
Todo iba así, a la carrera, hoy aquí, mañana allá. Inolvidables aquellos inicios donde personajes como Fernando Márquez El Zurdo padre del que, de forma unánime, ha sido considerado el himno de la movida cantándonos desde el Paraíso; la recién llegada de México Olvido Gara, convirtiéndose en la camaleónica Alaska; un prolífico Carlos Berlanga participando activamente en esa fantasía glamourosa conocida como Kaka de Luxe; el inolvidable y queridísimo Enrique Urquijo que de tanto empeñarse en lo dejáramos optó por hacerlo unilateralmente; la siniestra Ana Curra, mítica donde las haya, a pesar de sentirse tan vacía, como los seres que la acompañaban; el periodismo más directo de la sabia mano de Diego A. Manrique; las fantochadas punkis del inefable “Rey del Pollo frito”, ese Ramoncho con su rombo pintado en la cara, en su época más provocativa; aquellas “chicas del montón”, de extraño aspecto, que interpretaban a la perfección todo lo que representaba el “cutrerío nuevaolero” en su estado más puro, de la mano del siempre controvertido Pedro Almodóvar; el Sr. Granados describiéndonos a unas “chicas de colegio”, hijas de Mamá; las sesiones salvajes de Radio 3 en el “Diario Pop” de Jesús Ordovás y sus fiestas radiadas; las paranoias de ese vasco tan pálido que, de tanto respirar “bajo del agua”, se nos puso “pocho” para siempre; la sala Rock-Ola, sin más, “El Templo”; las notas de ‘La chica de ayer’, obra sublime de un Antonio Vega, quien ha mejorado con el tiempo (aunque siempre he pensado que va a ser difícil igualar el efecto social que ese tema causó en aquella generación, mi generación); el oscurantismo de la guitarra y la voz de José Luís Abel hablándonos de sus “máscaras y enigmas”; los zombies mas viajeros de la movida que hicieron de “Groenlandia” el lugar más visitado desde Madrid; el rock más directo y urbano que Pepe Risi y sus Burning nos legaron en esa más que dilatada carrera; el techno-pop bien llevado de las manos de Servando con sus obreros que, según el aviador, eran especializados, aunque nunca hemos sabido en que; el mejor Oi!, entendido por Manolo Alférez en ese derroche de “decibelios”; Joe, el novio más “beat” que tuvo Sissí; los hermanos Auserón descubriendo “africanos por la Gran Vía” e invitándonos a su seductora “escuela de calor”, entre otras maravillas que se les ocurrieron; el fiel reflejo de la “niuvueif” española que García Alix supo plasmar en sus instantáneas; el ambiente más “poppie” del panorama donde Mecano “no se podia levantar”, Ole-Ole “no controlaba” y la “desidida” se apoderaba de unas birmettes con su objetivo puesto en Birmania; la incipiente personalidad de una camarera de Malasaña empeñada en salir en la gran pantalla que se cansó de estar “debajo de una sombrilla tomándo cócteles de ron”; la angustiosa siniestralidad permanente e incluso paralizante que nos ofrecía Eduardo Benavente; el inigualable Coppini golpeándonos con sus impulsos sonoros que constataban que aquellos “eran malos tiempos para la lírica”, con toda la razón; o los recuerdos gráficos que dejaron para la posteridad Ouka Lele, Costus o Ceesepe, en un sinfín de carteles, pasquines, entradas de conciertos o portadas de discos. Todos ellos, y otros muchos más, son capaces de hacernos recordar, todavía hoy, lo mucho que supuso aquello que algún iluminado bautizó como “La Edad de Oro del Pop español”.
Pero realmente lo más increíble de aquella época, bajo mi punto de vista, fue que consiguieran perdurar al cabo de los años, sin los medios de promoción que hoy en día se nos brindan como indispensables, como es el tremendo efecto que Internet ha provocado en las nuevas formaciones que han ido apareciendo.
Ese es el único objetivo que persigue ‘Nueva Ola, Movida de los 80’, el de convertirse en un lugar de culto, a título póstumo, recopilando ese amplio legado cultural que, con esa carga de creatividad, consiguió desmontar la objetividad musical del momento, basada principalmente en la canción melódica española.
Este artículo va dedicado a todos aquellos que ya no están con nosotros, a todos los que nos dejaron su impronta y que recordamos fervientemente desde nuestra sección ‘Se fueron, pero no nos olvidamos’, nuestra pequeña sala de recogimiento “nuevaolero”.
He empezado este artículo haciendo una crítica sobre las causas que han generado el momento “revival” que actualmente estamos viviendo. Causas que son totalmente ajenas al motivo existencial de ‘Nueva Ola, Movida de los 80’. Este espacio, nacido en los albores del año 1998, no tenía, ni tiene, pretensiones comerciales, aunque coincida plenamente con la avalancha informativa que se está generando, en nuestros días, 25 años después del inicio de esa época, a la que hacía alusión.
Por eso quiero aprovechar la ocasión para poner de manifiesto que ‘Nueva Ola, Movida de los 80’ está hecha únicamente al amparo de la gran devoción que sus creadores tienen por la música, unido al afán de rendir un humilde homenaje a tantas y tantas bandas que nacieron y murieron durante aquella dorada década de los 80’s. Nuestro amateurismo ha provocado, y provocará que, en ocasiones, cometamos errores, los cuales han sido indispensables para ir curtiéndonos en el día a día nuestro trabajo.
‘Nueva Ola, Movida de los 80’ se puede definir como uno de tantos sitios que existen por la muy enmarañada red de redes, que pretende recopilar toda la información posible acerca de lo que fueron aquellos años. Años que algunos tuvimos la suerte de vivir desde detrás del escenario, disfrutando de esa fructífera oferta musical que no lo fue tanto para los propios músicos.
El glamour, la innovación, la creatividad, son características que hacían que aquello fuera tan especial. Había calidad, indudablemente, pero también mucha cantidad y, como no, eso hacía que no todo fuera bueno, como es lógico, pero daba igual, lo cutre se convertía en fashion y, a su vez, todos los que hacían estas cosas se convertían en unos petardos “enamorados de la moda juvenil”, amantes del pop baboso y que se inventaban himnos “para tí”. Un nuevo glosario cheli florecía de manera espontánea al amparo de toda esa fauna urbana en un halo de progresismo, hasta el momento, sin parangón en la historia musical de nuestro país.
Y ya que hablamos de progresismo tenemos que recordar, sin duda, a uno de los personajes más incipientes, políticamente hablando, de la época, el que fuera alcalde de Madrid, el Sr. Enrique Tierno Galván. Impulsor y promotor de muchas escenas donde se gestaba, a nivel de calle sobre todo, todo ese aluvión cultural que venía pidiendo paso sobre la capital de nuestro país y que, pronto, por no decir casi a la par, se fue propagando a lo largo y ancho del territorio nacional. Indudablemente el epicentro era Madrid, el Madrid del “Profesor”.
Empezaron a proliferar grupos por doquier. Era un chorreo incesante de formaciones que se unían y desunían para formar nuevas bandas, a cuyos integrantes les daba lo mismo agarrar sus guitarras y ponerse a componer al amparo de unos buenos cubatas en el acogedor “Penta”, que dejarlo todo de golpe y embarcarse en la realización de un fanzine underground.
Los locales de la movida madrileña, emblemáticas salas donde se ofrecía la parte más ceremonial de la Nueva Ola: Los conciertos.
Y no sólo debemos hablar de pop-rock, cabe mencionar que esa especie de revolución musical se produjo a todos los niveles, desde el azote ensordecedor de los grupos del llamado rock duro reconvirtiéndose a heavy metals por derecho, hasta las hornadas más irritantes del rock radical más subversivo nunca visto, procedentes del norte del país, pasando por las camaleónicas pintas que portaban los grupos punkys, o la elegancia británica de esos cuerpos vestidos de mods que paseaban sus vespas por las calles capitalinas.
Eduardo Benavente fue el máximo exponente y uno de los principales precursores de la música siniestra, también conocida como gótica, de los ochenta. Formó en grupos tan conocidos como Plástico o Parálisis Permanente.
Todo iba así, a la carrera, hoy aquí, mañana allá. Inolvidables aquellos inicios donde personajes como Fernando Márquez El Zurdo padre del que, de forma unánime, ha sido considerado el himno de la movida cantándonos desde el Paraíso; la recién llegada de México Olvido Gara, convirtiéndose en la camaleónica Alaska; un prolífico Carlos Berlanga participando activamente en esa fantasía glamourosa conocida como Kaka de Luxe; el inolvidable y queridísimo Enrique Urquijo que de tanto empeñarse en lo dejáramos optó por hacerlo unilateralmente; la siniestra Ana Curra, mítica donde las haya, a pesar de sentirse tan vacía, como los seres que la acompañaban; el periodismo más directo de la sabia mano de Diego A. Manrique; las fantochadas punkis del inefable “Rey del Pollo frito”, ese Ramoncho con su rombo pintado en la cara, en su época más provocativa; aquellas “chicas del montón”, de extraño aspecto, que interpretaban a la perfección todo lo que representaba el “cutrerío nuevaolero” en su estado más puro, de la mano del siempre controvertido Pedro Almodóvar; el Sr. Granados describiéndonos a unas “chicas de colegio”, hijas de Mamá; las sesiones salvajes de Radio 3 en el “Diario Pop” de Jesús Ordovás y sus fiestas radiadas; las paranoias de ese vasco tan pálido que, de tanto respirar “bajo del agua”, se nos puso “pocho” para siempre; la sala Rock-Ola, sin más, “El Templo”; las notas de ‘La chica de ayer’, obra sublime de un Antonio Vega, quien ha mejorado con el tiempo (aunque siempre he pensado que va a ser difícil igualar el efecto social que ese tema causó en aquella generación, mi generación); el oscurantismo de la guitarra y la voz de José Luís Abel hablándonos de sus “máscaras y enigmas”; los zombies mas viajeros de la movida que hicieron de “Groenlandia” el lugar más visitado desde Madrid; el rock más directo y urbano que Pepe Risi y sus Burning nos legaron en esa más que dilatada carrera; el techno-pop bien llevado de las manos de Servando con sus obreros que, según el aviador, eran especializados, aunque nunca hemos sabido en que; el mejor Oi!, entendido por Manolo Alférez en ese derroche de “decibelios”; Joe, el novio más “beat” que tuvo Sissí; los hermanos Auserón descubriendo “africanos por la Gran Vía” e invitándonos a su seductora “escuela de calor”, entre otras maravillas que se les ocurrieron; el fiel reflejo de la “niuvueif” española que García Alix supo plasmar en sus instantáneas; el ambiente más “poppie” del panorama donde Mecano “no se podia levantar”, Ole-Ole “no controlaba” y la “desidida” se apoderaba de unas birmettes con su objetivo puesto en Birmania; la incipiente personalidad de una camarera de Malasaña empeñada en salir en la gran pantalla que se cansó de estar “debajo de una sombrilla tomándo cócteles de ron”; la angustiosa siniestralidad permanente e incluso paralizante que nos ofrecía Eduardo Benavente; el inigualable Coppini golpeándonos con sus impulsos sonoros que constataban que aquellos “eran malos tiempos para la lírica”, con toda la razón; o los recuerdos gráficos que dejaron para la posteridad Ouka Lele, Costus o Ceesepe, en un sinfín de carteles, pasquines, entradas de conciertos o portadas de discos. Todos ellos, y otros muchos más, son capaces de hacernos recordar, todavía hoy, lo mucho que supuso aquello que algún iluminado bautizó como “La Edad de Oro del Pop español”.
Pero realmente lo más increíble de aquella época, bajo mi punto de vista, fue que consiguieran perdurar al cabo de los años, sin los medios de promoción que hoy en día se nos brindan como indispensables, como es el tremendo efecto que Internet ha provocado en las nuevas formaciones que han ido apareciendo.
Ese es el único objetivo que persigue ‘Nueva Ola, Movida de los 80’, el de convertirse en un lugar de culto, a título póstumo, recopilando ese amplio legado cultural que, con esa carga de creatividad, consiguió desmontar la objetividad musical del momento, basada principalmente en la canción melódica española.
Este artículo va dedicado a todos aquellos que ya no están con nosotros, a todos los que nos dejaron su impronta y que recordamos fervientemente desde nuestra sección ‘Se fueron, pero no nos olvidamos’, nuestra pequeña sala de recogimiento “nuevaolero”.
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Pedro J. Pérez
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